Cuando el ancho entre frentes es limitado, el rack selectivo sigue siendo la opción más práctica: cada posición queda accesible sin mover la carga de al lado. La clave está en el calibre del larguero y en la luz libre entre bastidores, porque un perfil corto flexiona bajo pallets pesados y obliga a bajar la carga por nivel. En este escenario el montacargas entra y sale por el mismo pasillo, así que la altura de los niveles también se ajusta al mástil disponible.
Muchos depósitos tienen techo alto y solo dos o tres niveles ocupados. Ahí el problema no es el piso sino el aire: se agregan niveles superiores sobre la misma huella y se gana capacidad sin tocar la distribución horizontal. El calibre se define según la carga por nivel y la altura total del módulo, no por costumbre. Si más adelante cambia la mercadería, el ensamblaje atornillado permite reconfigurar un módulo completo sin soldadura en obra.
Abajo se preparan pedidos con carga ligera y tránsito constante de operarios; arriba se guardan pallets completos de baja rotación. Esa mezcla exige una estructura pensada por nivel, no un rack uniforme. El entrepiso industrial crea una segunda superficie útil sobre la misma área y separa los flujos: el montacargas trabaja abajo, el personal circula arriba. Cada escenario parte de cómo se mueve realmente la mercadería en el depósito, no de un producto genérico.